Por largo tiempo, hemos buscado respuesta a una de las mayores incógnitas acerca de nosotros mismos: la magnitud del poder que reside en la mente y el papel que ésta juega en el logro de la felicidad.
Tristemente, muchas veces en medio de nuestro afán por lograr el éxito y la felicidad, buscamos fuera de nosotros algo que siempre se ha encontrado en nuestro interior: el secreto para vivir una vida plena y feliz.
Todos queremos ser felices y tener éxito en la vida; deseamos saber cuál es el secreto que nos permita lograrlo, pero al no creernos poseedores de tan valiosa fortuna, buscamos fuera de nosotros algo que es parte de nuestra esencia misma. Porque lo cierto es que todo lo que necesitamos saber para triunfar y vivir una vida plena y feliz se encuentra dentro de cada uno de nosotros.
Las respuestas a todas nuestras preguntas, las soluciones a todos nuestros problemas, el poder para hacer realidad nuestras metas más ambiciosas se encuentra en nuestro interior. Lo único que necesitamos hacer es preguntar, escuchar y confiar.
La lección más importante que debemos aprender es que las acciones y sucesos externos son sólo la manifestación física de las acciones y sucesos internos. Las imágenes mentales que consistentemente mantenemos en nuestro subconsciente, buscarán siempre manifestarse en nuestro mundo exterior.
El pesimista vive en un mundo negativo y deprimente, mientras que el optimista ha elegido vivir en un mundo positivo y lleno de oportunidades. Lo más curioso de todo es que se trata del mismo mundo. Las diferencias que ellos observan son sólo el resultado de sus pensamientos dominantes. Estos han sido los encargados de atraer la felicidad o la angustia que cada uno de ellos experimenta en su vida. Y lo mismo sucede con todos nosotros.
La buena noticia es que si en este momento no estamos viviendo la clase de vida que siempre hemos deseado, podemos crear una nueva realidad cambiando el tipo de información con la cual alimentamos nuestra mente. Nuestros pensamientos son las semillas de lo que ocurrirá en nuestra vida, y todos somos responsables de ellos.
El ser humano es, literalmente, lo que piensa. Cada persona construye sus condiciones, su éxito, sus negocios y su destino en virtud de los pensamientos que escoge y guarda en su mente. Todo lo que se manifiesta en nuestra vida es el resultado de lo que previamente se ha manifestado en nuestra mente. Así que todos nosotros somos "los arquitectos de nuestro propio destino".
En su libro: "Como piensa el ser humano, así es su vida", James Allen se refiere a éste como a uno de los secretos más conocidos y menos practicados: ¡Todo ser humano es el forjador de sí mismo!
Los seres humanos construyen su destino de acuerdo con los pensamientos que escogen y guardan en su mente. Ésta es como un telar donde tejemos nuestro carácter y donde, con los pensamientos que mantenemos, atraemos hacia nosotros nuestras circunstancias, creamos hábitos y labramos nuestro destino. Nuestro carácter es la suma de todos nuestros pensamientos. Esta es la esencia de la ley de la atracción.
La buena noticia es que, aun si hasta ahora hemos tejido ignorancia y sufrimiento, siempre tenemos la opción de cambiar nuestra manera de pensar, y podemos comenzar a tejer sabiduría y felicidad. Esta idea no sólo se limita a tu ser, sino que abarca cada condición y circunstancia de tu vida.
Así como cada planta brota de su semilla, y no podría ser de otra manera, nuestras acciones surgen de las semillas invisibles de nuestros pensamientos, y no habrían existido sin ellos. Lo anterior es aplicable por igual a aquellos actos considerados "espontáneos" y "no premeditados" como a aquellos que se ejecutan deliberadamente.
Las acciones son retoños que han crecido a partir de nuestros pensamientos, y la dicha o el sufrimiento son sus frutos. De este modo los seres humanos cosechan los frutos, dulces o amargos, de aquello que ellos mismos han sembrado.
De manera que la calidad de vida que cualquier individuo experimenta tiene poco que ver con sus circunstancias y mucho, con su actitud personal y su manera de pensar.
En su libro: "El camino a la felicidad", Orison Swett Marden relata que en un congreso de agricultura le preguntaron a un viejo granjero qué terreno le parecía más apropiado para el cultivo de cierto fruto, a lo que él respondió: "No importa tanto la clase de tierra en que se siembre, como la clase de persona que vaya a sembrarla".
El labrador preparado en su oficio saca provecho del suelo pobre, mientras que el inepto vive en la miseria, aún en el terreno más fértil.
Esta anécdota deja claro que la felicidad no depende tanto de las circunstancias favorables, como de nuestra actitud mental. Cualquiera es capaz de mantener una actitud positiva y optimista cuando vive en condiciones ideales. Solamente el ser equilibrado y dueño de si mismo es capaz de conservarla, aún en medio de las condiciones más difíciles y hostiles. Si no llevamos la semilla de la felicidad en nuestro interior, no la hallaremos en ninguna parte.
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domingo, 17 de octubre de 2010
miércoles, 16 de junio de 2010
Enseñanzas de la vida
La vida me enseñó mucho:
a perdonar sin entender por qué pasan las cosas,
a amar sin que me amen,
a sentir sin que me sientan,
a tolerar sin que me toleren,
pero no me ha enseñado a sobrellevar la soledad,
a vivir sin una caricia,
sin un abrazo,
a levantarme en la mañana
y no encontrar nadie a mi lado,
a sentirme menos que nada
a querer gritar: estoy aquí, que me oigan,
pero también me ha enseñado
a recordar las cosas bellas,
el amor sublime de una madre,
la mirada tibia de un padre
y el acogimiento de tener simplemente la vida,
y a los amigos que tengo,
que ya es mucho pedir,
y sentir que teniéndolos
todo aquello que he escrito
puede cambiar algún día,
porque no olvido que amar, sentir, tolerar
y perdonar son parte de la misma
vida.
Y mi vida debe ser segura y alegre! Y así será!
a perdonar sin entender por qué pasan las cosas,
a amar sin que me amen,
a sentir sin que me sientan,
a tolerar sin que me toleren,
pero no me ha enseñado a sobrellevar la soledad,
a vivir sin una caricia,
sin un abrazo,
a levantarme en la mañana
y no encontrar nadie a mi lado,
a sentirme menos que nada
a querer gritar: estoy aquí, que me oigan,
pero también me ha enseñado
a recordar las cosas bellas,
el amor sublime de una madre,
la mirada tibia de un padre
y el acogimiento de tener simplemente la vida,
y a los amigos que tengo,
que ya es mucho pedir,
y sentir que teniéndolos
todo aquello que he escrito
puede cambiar algún día,
porque no olvido que amar, sentir, tolerar
y perdonar son parte de la misma
vida.
Y mi vida debe ser segura y alegre! Y así será!
miércoles, 2 de junio de 2010
APRENDIENDO
APRENDIENDO Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro: - Quería alcanzar la iluminación, pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo? - ¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? -preguntó el maestro. - Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica, y nunca trabajé de verdad. El maestro llamó a un monje. Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada. - Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si por el contrario ganas, se la cortaré a tu adversario. Empezó la partida.El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él.Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz. Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje. Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal... y de repente se sintió tocado por la piedad... Así que cometió un error voluntario y luego otro... Iba a perder. Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron. - No hay vencedor ni vencido -dijo-. No caerá ninguna cabeza. Se volvió hacia el joven y añadió: - Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad. Hoy has aprendido las dos...
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